2012: El Año Klimt

Viena celebra, el próximo año, el 150 aniversario del nacimiento de su pintor más célebre y universal Gustave Klimt (1862-1918).

Entre algunas de las actividades propuestas para festejar el evento se encuentran las diversas exposiciones y retrospectivas que albergaran ocho museos de la ciudad (Belvedere Inferior, Museo Leopold, Albertina, Museo de Viena, Museo Kunsthistorisches, Museo Austríaco del Teatro, Künstlerhaus y Museo Austríaco del Folclore); la reapertura del último estudio del artista, la Villa Klimt, después de una profunda rehabilitación; visitas guiadas temáticas como “Un paseo por Viena de la mano de Klimt”; recorridos audiovisuales; etc.

En definitiva, la ciudad se convertirá en un gran escaparate sobre la vida y obra del pintor. Un gran evento con el que se espera que las visitas turísticas a la ciudad se incrementen notablemente.

La programación de eventos de carácter cultural (especialmente conmemoraciones) es una estrategia habitual, cuanto menos para combatir la reducción del ciclo de vida del producto turístico, y permanecer en un mercado altamente competitivo que demanda constantemente nuevos productos. Este tipo de conmemoraciones, que celebran el aniversario de algún personaje ilustre y universal, son recurrentes en la mayoría de destinos urbanos. Permiten visibilizar nuevamente el destino en el mercado internacional y son grandes captadores de consumidores de productos fast leisure (un importante segmento de mercado, de este tipo de consumidores, es el de los excursionistas nacionales). Así pues, en los últimos años hemos visto como trascurrían  el Año Mozart en Salzburg y también en Vienna (2006), el Año Cézanne en Aix–en– Provenece (2006), el Año Dalí en Figueres (2004), el Año Gaudí en Barcelona, (2002), entre otros muchos ejemplos.

Sin embargo, organizar este tipo de eventos efímeros de tales magnitudes tiene también sus problemas: altos costes de organización y  promoción, tendencia a estandardizar el producto (siempre se recurre a las mismas actividades: exposiciones, visitas guiadas, audiovisuales, talleres…), la dificultad de dimensionar la importancia del evento o la crisis post-evento. Es decir, ¿qué pasará en Viena el 2013?. Seguramente la ciudad vivirá su propia pequeña crisis turística. Suele ser común que después de la organización de un macro-evento el número de visitantes de la ciudad descienda significativamente el año posterior. A pesar de ello, pronto Viena podrá celebrar otro aniversario, el Año Otto Wagner (100 años de su muerte en 2018) por ejemplo,  y recuperar así su posicionamiento.

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Turismo efímero

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En su provocativo análisis sobre los cambios del proceso productivo en la economía contemporánea, Rifkin (2000) destaca la importancia de la reducción del ciclo de vida del producto. El creciente valor de la moda y la reorientación del márqueting hacia microsegmentos ha favorecido un modelo de producción en el que los productos (bienes o servicios) se están rediseñando incluso antes de ser introducidos en el mercado. Pensemos, por ejemplo, en los programas informáticos, los modelos de automóviles, las grandes producciones cinematográficas o, incluso, los electrodomésticos. Tras un breve período en el mercado, las empresas crean nuevas versiones o productos enteramente nuevos, que reemplazan los productos cuya fecha de caducidad es cada vez más próxima a la fecha de producción.

En este complejo escenario, los espacios turísticos se hallan ante un dilema. La capacidad de los lugares por ofrecer versiones renovadas, resueltamente nuevas, de la oferta turística topa, como es obvio, con la inercia territorial. Uno de los principales interrogantes del turismo contemporáneo será, precisamente, la tensión entre la velocidad de los cambios en la demanda y la capacidad de respuesta de unos espacios con “anclajes” que impiden su renovación constante. En los ensayos de los espacios turísticos para vencer esta tensión, aparecen dos respuestas con mayor capacidad de éxito: los complejos temáticos (que pueden añadir nuevas piezas con relativa facilidad) y los productos turísticos efímeros.

Los productos turísticos efímeros no son espacios, sino experiencias, lapsos espacio temporales. En un corto espacio de tiempo (unos días, unas semanas…), el consumidor accede a una oferta turística (cultural, deportiva, musical, religiosa…) que debe ser aprehendida aquí y ahora. Estos grandes eventos han entrado con fuerza en la oferta turística de las ciudades europeas, que compiten en la captación de capitalidades culturales, recorridos de carácter religioso, grandes eventos deportivos, bienales de arte, conferencias internacionales o efemérides forzadas. Una parte de los flujos turísticos europeos del último decenio se explica por estos breves lapsos, productos efímeros, que saltan de Lisboa a Zaragoza, de GreenwichCork o de Atenas a Beijing.

Naturalmente, la fuerza de los productos efímeros no sólo reside en su capacidad de atracción de visitantes en un momento puntual. Su éxito se sustenta además en dos factores. Por un lado, los grandes eventos, aquéllos que realmente tienen una trascendencia internacional, permiten situar a la ciudad (hablamos siempre de escala local) en el mapa. Ésta fue la estrategia de Barcelona y Sevilla en 1992 o de Lisboa en 1998 y es la gran apuesta china para este decenio. Por otro lado, los proyectos efímeros resultan ser poderosos instrumentos de renovación urbana, un leif motiv sobre el que proyectar una utopía transformadora, una abrumadora capacidad de reinventar la ciudad.

El turismo efímero tiene un problema central. Una vez concentrados todos los esfuerzos de transformación urbana y turística en un gran evento, el post-evento sume a la ciudad en una crisis de identidad, como las crisis post-parto. Por eso, las ciudades que han acogido un gran acontecimiento se lanzan a la caza y captura de un nuevo acto internacional que permita recuperar la ilusión colectiva. Barcelona creó el Año Internacional Gaudí en 2002 y lanzó el improvisado Fórum 2004 una vez que se cerraron las puertas de la Expo. Salamanca creó un desconcertante evento Plaza Mayor de Europa 2005 tras el éxito de la capitalidad cultural europea. La necesidad compulsiva de crear nuevos eventos y la apuesta de las ciudades medias ha creado una inflación que entorpece la viabilidad del turismo efímero. Un síntoma muy evidente es el centenar de conmemoraciones que avala la UNESCO sólo para el 2008. ¿Alguno de ustedes sabía que este año se celebra el centenario del rey Toffa I de Benin o el poeta búlgaro Vaptsarov?. Pues eso.