Cuestión de redes

Un destino es un ecosistema repleto de agentes que se organizan entorno a comunidades, donde las relaciones e interdependencias entre los distintos agentes se retro alimentan, constituyendo auténticos clústers turísticos alrededor de los destinos.  Las reglas básicas del juego se pueden resumir de la siguiente forma.

Primero. Existe un buen número de agentes, cada uno con su importancia. En unos destinos serán más importantes los agentes institucionales, públicos, de las DMO’s, etc. En otras ocasiones los más influyentes serán los agentes empresariales, sectoriales, etc. También se debe tener en cuenta la presencia e influencia de demás agentes sociales del territorio, que pueden tener un rol totalmente principal en el devenir turístico de los destinos.

Segundo. Las relaciones o vínculos pueden ser más o menos robustas, intensas, maduras o consolidadas, nuevas o regeneradoras, etc., en función de su naturaleza, motivación y salud en cada momento. Las relaciones subyacen a la generación de confianza, pilar fundamental para la construcción de un destino bien cohesionado.

Tercero. La suma de la disposición de agentes y sus respectivos vínculos conforman la estructura relacional. En ella, se podrá observar como, por ejemplo, determinados agentes desarrollan el rol de centralidad en un sub conjunto de agentes de la red; así mismo, otros agentes tienen el rol  de secundarios e incluso periféricos en la red. Además, los roles que desarrollan los agentes se encuentran en constante cambio y evolución, de forma que en cualquier momento los agentes pueden adquirir o perder importancia en la red.

Cuarto. En un nivel más avanzado, se pueden encontrar redes superpuestas, cada una construida entorno a un producto turístico específico, y orientada a un determinado segmento o micro segmento turístico. Por ejemplo, en un destino pueden convivir productos de turismo activo, turismo familiar, etc.

Para acabar este post, recordar que existen programas para el análisis de redes, de sus agentes, de sus niveles de centralidad, y demás elementos importantes de la Teoría de Redes. Su utilidad y sus aplicaciones en turismo son evidentes, como en la mayoría de las ciencias sociales.

 

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Los souvenirs de Martin Parr

Si existe el fotógrafo del turismo por excelencia, éste es sin duda alguna el controvertido Martin Parr. Su particular mirada, a menudo  icónica, sobre el turismo y su interés por el coleccionismo de souvenirs son y han sido claves en la obra de este magnífico fotógrafo británico.

El Centro de Cultura Contemporanea de Barcelona (CCCB) presenta las fotografías de Parr en el marco turístico, en una exposición titulada “SOUVENIR. Martin Parr, fotografía y coleccionismo” que puede visitarse hasta el 21 de octubre. La exposición, comisariada por Juan Pablo Wert, contiene parte de la obra fotográfica de Parr, como la serie Small World sobre la experiencia turística o el trabajo fotográfico sobre Barcelona y el turismo (encargo específico para la muestra), y objetos de su colección como Boring Postcards o objetos – souvenir.

Es evidente que la fotografía condiciona la forma como se viaja y como se mira el espacio turístico (véase el artículo de Donaire y Galí, 2011). En su estudio Barthes compara las fotografías turísticas con las pornográficas porque ofrecen una interpretación elemental de la realidad, a la que denomina unaria. La fotografía es unaria cuando transforma grandilocuentemente la «realidad», sin desdoblarla, sin distorsionarla. También, Susan Sontag en su obra On Photography es especialmente crítica con la fotografía turística pues  crea una realidad fragmentada, paisajes sin significados, sin contexto y dota de relevancia todo lo que registra. El mismo Parr, conversando con la prensa, apuntaba “cuando se está obsesionado por fotografiarlo todo acabas no disfrutando de la experiencia”. Adoptando parcialmente este tono crítico, lo cierto es que la fotografía turística es seguramente uno de los mejores exponentes de y uno de los elementos básicos de la experiencia turística. No en vano, es significativo que la fotografía naciese casi al mismo tiempo que el turismo.

La exposición reúne, además de la colección de Martin Parr, la del interiorista Juanjo Fuentes, que incluye una colección de objetos fetiches y banales de difícil definición, y una selección de obras de memorables artistas como Joan Brossa o el propio Parr.

Entre algunas de las actividades programadas está el SOUVENIR CROSSING, inspirado en los conocidos book crossing. Se trata de llevar un souvenir que se puede intercambiar por cualquier otro de la colección que va haciendo el público. Por cierto, entrar en la exposición es gratis si se lleva un souvenir.

No es la primera exposición dedicada al souvenir turístico que se hace en Barcelona. En 2009 se presentó, en el DHUB, Efecto Souvenir, una interesante muestra comisariada por Oscar Guayabero sobre estos objetos fetichistas que evocan el viaje realizado y añorado. La muestra del CCCB de Wert coincide con la exposción de Guayabero en que ambas son un extraordinario ejercicio de sociología turística.

Infieles

Se acaban. Todos hemos conocido esos turistas obstinados, que vuelven año tras año al mismo hotel, casi a la misma habitación, a la misma mesa del mismo restaurante. Son esos turistas a los que les encanta que les reconozcan por la calle, que aprecian el deja vu y que antes de volver a casa ya reservan la estancia del año siguiente. Pues bien, esos turistas se acaban. Y llegan los infieles.

Ésta es una de las muchas conclusiones que se pueden extraer del estudio Lookinside. De hecho, en todos los estudios sobre nuevos hábitos de compra, una de las conclusiones más recurrentes es ésta: La facilidad con la que los consumidores cambian de colonia, de café, de compañía telefónica, de restaurante o de destino turístico. Acostumbrados como estábamos a una demanda cautiva, la infidelidad siempre es vista como un drama. Pero, como siempre, estos cambios abren las puertas a nuevas oportunidades. Veamos.

A río revuelto…

Empezamos por lo más obvio. Es verdad que en un contexto de infidelidad de marca, bajará la cuota de visitantes recurrentes: Habrá menos turistas repetidores. Pero eso también ocurrirá con los destinos competidores. No es una mala noticia. Ahora hay muchos más turistas potenciales, que antes repetían año tras año en los hoteles o las playas de la competencia. Nuestros clientes ya no son nuestros, pero tal vez los suyos pueden serlo.

Hoy por ti

En un nuevo contexto de turistas neófilos, esto es, amantes de lo nuevo y del cambio, la competencia puede ser una buena prescriptora. Parece absurdo que proponer que tu competidor pase a ser tu vendedor, y tal vez lo sea, pero planteémonos esto: Un turista pasa tres noches fantásticas en un hotel. Cuando se van, en la factura, les recomendamos cuatro hoteles diferentes. Lo hacemos porque sabemos que esos turistas seguramente no volverán, pero quizás aceptarán un consejo. Por supuesto, esta estrategia requiere reciprocidad y esperamos que nos devuelvan el favor. Esta estrategia puede ser válida incluso para los destinos: ¿Se imaginan la Costa Brava recomendando Menorca?.

Vuelve aquí… por primera vez

Hay otra forma de conseguir un neófilo repita su visita: Que vuelva a un lugar que es nuevo. Cuando una empresa o un destino cambia, entonces podemos pedir a esos clientes amantes de la novedad que testen algo inédito. Es cierto: Cambiar es caro y costoso. Pero no siempre hay que invertir en decoración, diseño de producto o nuevos servicios. A veces basta con crear una historia, romper los hábitos o ver las cosas desde otra perspectiva. Cuando el Museo Dalí empezó a ofrecer las visitas nocturnas, se llenó de visitantes que conocían el museo  (que no teníamos demasiadas ganas de volver) y que descubrían “otro” museo.

Cambiar es una actitud. Renovar algunos muebles, cambiar la orientación de las piezas, descubrir nuevos decorados, divertir y sorprender en el trato con los clientes, esconder, combinar… Tal vez la mejor forma de afrontar la neofilia es combatir el deja vu.

Remember when

Como comentamos en otro post, algunos destinos pueden ser espacios rosebuds, es decir instantes en los que fuimos felices. Si repasan el célebre anuncio de Damm en Formentera (que también comentamos aquí), verán que el protagonista no sólo pasa unas vacaciones inolvidables en la isla, sino que decide volver porque ése fue su espacio rosebud, su fragmento de felicidad. Gestionar no sólo los destinos, sino las relaciones y los recuerdos, permite volver. Es un poco como la magdalena de Proust. ¿Se imaginan, por ejemplo, reunir de nuevo a un grupo de turistas que se conocieron en una excursión hace diez años?.

Los cambios son más difíciles de manejar. Pero en esta lenta mutación de turistas recurrentes a turistas infieles, no solo existen problemas de gestión. También hay nuevas oportunidades, que exigirán lo mejor de nosotros mismos. Como dijo Trueba, sé infiel, y no mires con quién.

Noches de terror

El turismo de experiencias se va haciendo un hueco nada despreciable. Sin duda, el futuro del turismo pasa por el mundo de lo experiencial y ya son diversas las alternativas que van surgiendo en este campo: prisiones donde uno puede permanecer encarcelado por unas horas o días;  fronteras  en parques naturales para que turistas las crucen como unos “sin papeles” perseguidos por la policia; estancias en hoteles resolviendo un asesinato; visitas guiadas donde uno acaba siendo el protagonista o alojamientos que esconden algún misterio.

Pasar una noche terrorífica en una casa rural, un hotel, un caserón o un castillo es una de las propuestas turísticas más excitantes y exitosas en el mercado del turismo de experiencias. Hemos encontrado diversas posibilidades a lo largo de toda la geografía española. Aquí van algunas sugerencias.

La casa del miedo, una casa rural a las afueras de San Martín de Montalbán (Toledo), ofrece la posibilidad de  vivir toda una noche de miedo, con una trama teatral con guiños a películas clásicas del género como “Los Otros”, “The Ring” o “La Residencia”. Antes de la llegada a la mansión, el visitante recibe una carta de Doña Julia Almazán, vídua de Sotogrande, invitándole a su casa. A la llegada de los invitados, éstos son recibidos por el séquito de sirvientes de la Sra. Almazán y conducidos a las habitaciones, último refugio de luz en una casa condenada a la penumbra por la extraña enfermedad que padece su dueña. La aventura incluye una terrorífica velada acompañada por un misterioso viajero, una médium que  ayudará a los visitantes en la resolución de la trama y, como no, un fúnebre paseo nocturno al cementerio familiar. Una experiencia en la que se mezclan terror, suspense, tensión, aventura, humor y efectos especiales.

En Valencia, en el Km 9 de la carretera de Fontanars (Moixent), se encuentra El caserón de Moixent. Desde que en 1904 se suicidara la joven Margarita Valls, nadie volvió a habitar el caserón de esta familia hasta hace pocos años. Los nuevos inquilinos no dejan de sentir extraños sucesos en el interior de la casa: presencias, susurros en mitad de la noche, sonidos inesperados e inexplicables, luces que se encienden y se apagan misteriosamente, … La familia desesperada intenta por todos los medios revelar el misterio que noche tras noche irrumpe en la tranquilidad de su hogar. El visitante debe ayudar a la família a acabar de una vez por todas con esta maldición y desvelar el misterio, para que así puedan  vivir en paz.

La Posada rural de Villamejor (Madrid) es La Casa de los Horrores. Según la leyenda, esta casa antiguamente estaba habitada por un monje y su sobrina. Todo transcurría con normalidad hasta que un día la pequeña sobrina del monje apareció ahorcada en un árbol. Nunca se encontró al culpable, ni explicación alguna de los hechos acontecidos. Desde entonces el monje únicamente encontró consuelo recibiendo en su casa a todo aquel que se encontrase desamparado y necesitase ayuda. Sin embargo, la casa está llena de misterios insólitos, y muchos han entrado pero no todos han vuelto a salir. Una escalofriante vivencia para aquellos visitantes que se atrevan a entrar en esta misteriosa casa.

Cerca de Barcelona, en Berga (Catalunña), se encuentra el Hotel Insomnia. Construido en un antiguo cementerio, el hotel abrió sus puertas en 1900 con gran éxito de público. Pero de repente, sin que nadie sepa lo que sucedió, las puertas del hotel se cerraron, dejando a sus huéspedes tanto fuera como… dentro. Hoy, el Hotel Insomnia ha reabierto sus puertas y esta esperando a nuevos huéspedes que desafíen la leyenda. Una noche de insomnio, infarto, terror extremo, sustos y una trama que el visitante deberá descubrir.

También en Galicia se viven noches de terror. El Roce de las Alas en Pontevedra arrastra la leyenda de María Soliño, la “bruja y meiga” gallega, condenada por la Inquisición, más famosa. Un cura, un matrimonio con su hija, una ama de llaves, un esquizofrénico, psicofonías, una sesión de espiritismo, un cementerio, una capilla, un viejo molino, unas cartas… 
forman parte de esta escalofriante aventura.

El turismo vivencial, que ofrece vivir una experiencia en la propia piel, será sin duda una de las estrategias de muchas empresas y destinos en los próximos años. Pronto vamos a ver agencias de viajes vendiendo estancias de supervivencia en una isla desierta, compañías aereas con vuelos pilotados por los propios pasajeros, espacios turísticos recreando películas en las que los actores van a ser los propios turistas; o destinos donde se podrá vivir el horror de una guerra.

Juegos turísticos

El mundo del turismo ha llegado también a los juegos de entretenimiento. Los fabricantes de juegos están apostando por nuevos productos donde el turismo es la temática principal. Cada vez más, es posible jugar a ser viajeros, a descubrir nuevos países y tierras lejanas, a gestionar una empresa turística o recorrer una ciudad con el típico bus turístico.

 Para que puedan ir jugando aquí van algunas propuestas:

 El ski resort Mogul es un juego en el que el jugador es el administrador de un complejo vacacional de esquí, para turistas de invierno. El administrador debe construir cabañas y otras viviendas para hospedar a los visitantes.

Gestionar un hotel en Escocia, Egipto, Mónaco o en la fría Rusia es posible con el juego Jane Hotel Mania. El hotel recibe en su amplio y fastuoso hall a variedad de clientes que esperan ser bien atendidos. El jugador tendrá que ser el anfitrión-hotelero perfecto, ofreciendo el mejor servicio sin demoras para ganar la aceptación de los turistas.

El programa de la Cuatro “Callejeros Viajeros” tiene también su propio juego. Se trata de un juego de recorrido cuyo objetivo es ser el primer reportero en conseguir todas las ciudades de tu tarjeta de ruta. 
Cada jugador (o reportero) viaja de una ciudad a otra tirando el dado, recorriendo el tablero (donde hay casillas sorpresa) y contestando todas las preguntas necesarias para conseguir la ficha de la ciudad.
 Por cierto, algunas preguntas tienen un cierto grado de dificultad. Ahora, también es posible descargar la versión App para Iphone, Ipad y Ipod touch.

Con el Londres bus 2 tendrás que conducir un típico autobús rojo de turistas por las calles de Londres y estacionar en los sitios indicados. Por cierto, no choques pues pierdes vidas además de quedarte sin trabajo.

The Travel Cooler es una de las mejores opciones para testar tus conocimientos sobre el mundo y, como no, para aprender. El jugador debe señalar en un mapamundi los muchos lugares que se le preguntan (países, capitales, lugares de interés turístico), tan rápido como sea posible. Sin duda, uno de nuestros preferidos.

¡A jugar!

Mi hotel ideal

Hotel, dulce hotel. Los hoteles son los átomos de la experiencia turística. Y aunque hemos aprendido que un destino no son sus hoteles, tener una buena red de alojamiento es casi indispensable para competir en el mercado turístico. Diseñar un hotel es muy complejo porque debe tener personalidad, pero debe también conectar con las necesidades (cambiantes, diversas) de los clientes. Y en el turismo contemporáneo, las necesidades pueden ser casi infinitas.

Las redes sociales permiten ir ajustando intereses de la demanda con la gestión de la oferta. Por eso, podría ser una iniciativa interesante recomendar mejoras en los hoteles (#mihotelideal), que permitan compartir, proponer o recoger propuestas de esos habitantes de habitaciones de hotel. Estas son mis 15 propuestas. ¿Cuáles son las suyas?

1. Trabajo en las habitaciones y me deprime que (casi) siempre las mesas estén orientadas a la pared. Mientras sea posible, deberían estar mirando a la ventana.

2. Y ya que hablamos de mesas, si mide 30 x 30 y además tiene la televisión encima, solo puedo escribir en un post-it. No pido una mesa king size, pero sería un detalle que se pudiera trabajar con una cierta holgura.

2. Ya sé que se limpian fácilmente, pero las moquetas me producen una tendencia casi suicida. Y creo que es un sentimiento muy compartido. No pido pizarra, ni madera (bien pensado, ¿por qué no?), pero por favor descataloguen las moquetas.

3. El control de la luz suele ser más críptico que el prospecto de un medicamento contra las hemorroides: 20 interruptores, algunos escondidos, diseminados por toda la habitación. Estoy seguro que se puede simplificar el mecanismo.

4. Si no me alojo en una 23a. planta, puedo usar las escaleras y, de hecho, me gusta hacerlo. ¿Por qué la mayoría de escaleras de los hoteles parecen el decorado de una película de serie B, donde está a punto de pasar algo muy malo?.

5. Llevo 35 minutos desde el aeropuerto hasta el hotel cargando la maleta. De hecho, llevo con ella desde las 6 de la mañana. ¿Qué les hace suponer que soy incapaz de llevarla hasta la habitación?.

6. Me gustan las plantas. Me gustan mucho las habitaciones con plantas.

7. Creo que el criterio debería ser éste: Si dudamos entre colgar un cuadro o no hacerlo, claramente no hay que no hacerlo. De hecho, casi mejor no colgar jamás un cuadro. He pasado noches enteras sin dormir por culpa de cacerías de ciervos o atardeceres en el bosque de las ninfas.

8. La mayoría de hoteles abusan de los olores artificiales: detergentes, ambientadores, aerosoles…, que intentan disimular el tránsito humano de un hotel. Personalmente, me molestan muchísimo. Ventilar un poco y combinar con olores naturales (un poco de espliego o de lavanda, por ejemplo) es una alternativa mucho más agradable.

9. Parece ser que en la mayoría de hoteles, el presupuesto se les agotó antes de llegar al armario. Encontrar perchas de madera es tan complicado como encontrar un libro en la casa de Gran Hermano.

10. No sé quién diseña los “salones” de algunos hoteles. Las conferencias en algunos salones con tapizados, mesas minúsculas, una iluminación clandestina y una tarima con faldón en las mesas parecen sacadas de una boda búlgara de los años 80.

11. Y ya que hablamos de conferencias, he visto batallas por un enchufe más violentas que las Termópilas. El criterio podría ser: Nunca habrá suficientes, de manera que multipliquen por dos la previsión.

12. Esto sé que es difícil, pero me haría feliz. Es casi imposible leer un periódico y desayunar a la vez, porque las mesas (casi siempre circulares) son demasiado pequeñas. En mi mesa ideal caben el café, el plato, el periódico e incluso, el bol de frutas.

13. Y ya que hablamos de desayunos, me gustaría reivindicar el valor del café. Esas máquinas que proporcionan un líquido oscuro precedido de un ruido atronador deberían ser precintadas por sus efectos contra la salud pública.

14. En mi hotel ideal, dejo la maleta después del check out en un espacio seguro y además no me siento como un delincuente que deja un alijo en un piso franco.

15. Y en mi hotel ideal, la recepción tiene un perfil de twitter y me puedo dirigir a ellos en cualquier momento y en cualquier punto de la ciudad.

Hay muchas más ideas: Wi-fi gratuito, champús para cabello, agua potable, mandos a distancia que funcionan, gimnasios con horarios más flexibles, llaves con coordenadas gps (ideal para taxistas novatos), política anti-spam… En todo caso, ¿qué les parece si compartimos las propuestas en twitter?. #mihotelideal. ¿Cómo sería su hptel ideal?.

Lonely Planet 2035

Uno de los clandestinos ha participado en el evento TEDx de la UdG. Como saben, el TED es una serie de presentaciones compartidas sobre “ideas que merecen la pena ser compartidas”. Su catálogo de temas es tan amplio como lo sea nuestra imaginación, desde nuevas energías al valor curativo de la poesía. Decíamos que en uno de estos eventos, se infiltró un clandestino y propuso el siguiente interrogante: ¿Qué nuevos destinos aparecerán en la Lonely Planet de 2035, si es que entonces aún hay guías?. Éstas son algunas de sus conjeturas.

Espacios desturistificados

En un universo colmatado de destinos turísticos, donde casi será imposible imaginar un lugar sin turistas, aquellos espacios que sean capaces de ocultar su condición de espacios turísticos tendrán un elemento de competitividad. Ésta será una curiosa paradoja del futuro, tal vez: Cuanto menos turístico parezca un destino, más atractivo turístico tendrá.

Turistas locales

A medida que se borran las fronteras entre el espacio habitual y el espacio extraordinario, ya no será tan evidente que los turistas deban abandonar su espacio ordinario para gozar de experiencias extra-ordinarias. En un contexto en el que todos somos un poco forasteros, tendrá mucho sentido la aparición de turistas inmóviles, es decir, turistas locales. El turismo podría ser entonces más bien una actitud, una forma de mirar el lugar, más que una forma de cambiar de lugar. Y todo ello, claro, con el telón de fondo de un transporte cada vez más costoso.

Espacios rosebud

¿Recuerdan rosebud?. Es, en buena medida, la metáfora del instante en el que fuimos felices, como la alegría de una tarde de la infancia en un trineo. En una sociedad de hiper-movilidad, donde cambiaremos varias veces de lugar de trabajo, de residencia, de estudios, de ocio… los lugares se asociarán a instantes más o menos memorables. En otras palabras, nuestra biografía se asociará a nuestra geografía. Los destinos turísticos apelarán más a la vivencia de un lugar que al propio lugar. Seremos donde estaremos. Nuestra identidad se forjará a partir de nuestro periplo geográfico.

Espacios híbridos

Aunque los costes del transporte puedan crecer, las ideas continuarán fluyendo a un ritmo vertigonoso. En un mundo conectado, las ideas, los patrones estéticos, los iconos, las gastronomías las imágenes, los diseños irán de un lugar a otro y serán consumidos por redes de ciudadanos. Los espacios que sean capaces de recoger esta creatividad que fluye serán más atractivos que los espacios encerrados en su propia realidad. Los espacios híbridos deben saber combinar la identidad local con la creatividad universal.

Espacios de encuentro

Hay quien vaticina que las redes sociales matarán las relaciones sociales. Es todo lo contrario, al menos de momento. La red no sustituye el contacto, simplemente aumenta la probabilidad de encontrar afines. Pero al final, los individuos necesitamos el encuentro físico, analógico, del vis a vis. El valor de un viaje ya no dependerá solo del valor del destino, sino también (o sobre todo) del interés de los turistas y locales que encontremos. El turismo será esencialmente una actividad social, una forma de contactar físicamente en un mundo conectado virtualmente.

Éstos son los escenarios que se dibujaron en la sesión y que intentan huir de los tópicos del presente. El ejercicio puede dar mucho de sí. Y ustedes, ¿qué destinos imaginan en esa guía de 2035?.