Impuesto turístico


El gobierno catalán ha abierto la veda de la fiscalidad turística y ha planteado la creación de un impuesto (que no tasa) que oscila entre 1 y 3 euros, según la categoría del establecimiento. Como es lógico, el sector ha salido en tromba para criticar una medida que supone una competencia respecto a otras comunidades autónomas y que no garantiza la universalidad.

Tasas urbanas

Es cierto que en los últimos dos años se han extendido las tasas turísticas como esparcen las fotografías indiscretas por la red. La mayor parte de impuestos son planteados desde las grandes ciudades turísticas, que siguen sin disimulo la estela que ha dejado la tase de sejour francesa. Edimburgo ha planteado una tasa turística, que se ha topado con el rechazo del sector turístico y del Parlamento escocés. Kiev aplicará un impuesto a partir de enero de 2012. Varias ciudades italianas han creado tasas similares a la francesa, como Siracusa, Venecia o Roma, con el objetivo de hacer frente a los gastos en la gestión del patrimonio. El caso más singular es el de Cambridge, que quieren utilizar la tasa como un elemento de disuasión para reducir el número de turistas de la ciudad.

La mayor parte de las ciudades plantean un impuesto sobre la estancia. Es lógico. En el modelo urbano, los hoteles son el principal activo turístico, aunque no el único. En algunas ciudades, se graba también la restauración o el acceso a museos y elementos del patrimonio a los no residentes.

Input – output turístico

Pero ni siquiera en Barcelona, ​​turismo es hotel. Para evaluar el impacto económico del turismo, la mejor herramienta es la excelente análisis input output del turismo catalán. La primera conclusión es que el turismo genera unos efectos directos sobre la producción catalana de 16.000 millones de euros. Y no es una conclusión cualquiera: El sector turístico es frágil y la competencia global, por lo que una variación leve en las entradas o los gastos turísticos tendría un efecto devastador sobre la economía del país.

Un análisis input – output es como si instalaran un GPS a cada euro que gasta un turista. Permite seguir el rastro del gasto y averiguar cuáles son los sectores que se benefician directa e indirectamente del gasto turístico. Si consideramos sólo los efectos directos, el 37,5% del gasto recae en el sector de la restauración, un 12% en el transporte aéreo, un 11,3% en el alojamiento y un 10,2% en el comercio. Estos cuatro sectores representan el grueso del gasto, con un 71%, pero aún queda un 29% que se reparte entre sectores como la cultura, el ocio, la alimentación …

Consideremos ahora los efectos indirectos. Podemos entender qué quiere decir este gasto con este ejemplo: Un turista que va a un restaurante paga una cantidad que ingresa directamente el restaurador. Pero los ingresos del restaurador se desvían parcialmente al pescador que ha capturado la lubina, el panadero que hornea el pan o el viticultor que ha aportado el Priorat. El abanico de empresas beneficiadas es ahora mucho más amplio: servicios empresariales, comercio, agricultura, transporte … pero hay uno que destaca claramente, que es la alimentación y bebidas, con más del 15% del total de los efectos indirectos.

En resumen, el turismo es un sector estratégico por tres motivos. En primer lugar, porque genera un volumen de ingresos muy elevado y creciente incluso durante la crisis, en segundo lugar, porque es una forma de exportación muy solvente y un factor de equilibrio de la balanza de pagos y, en tercer lugar, porque el turismo no se concentra en un determinado sector, y en unas pocas manos, sino que tiene una extraordinaria capacidad de difusión sectorial y espacial. Si consideramos los efectos directos e indirectos, el alojamiento representa menos de un 9% del gasto de los turistas.

Impuestos sobre alojamiento

El proyecto de ley del Gobierno grava las estancias, siguiendo el ejemplo de la tasas de sejour, que en realidad fue diseñada por el turismo urbano. Cuando la escala se amplía a regiones o países, se modifica el criterio impositivo y se emplean otros impuestos: tasa de salida, tasa de aeropuerto, tasa de entrada, impuesto sobre el consumo, tasa de entrada a los parques naturales , impuesto sobre las actividades… Todos los impuestos son imperfectos y cada modelo tiene problemas, pero en general, estos ejemplos intentan recoger el carácter difusor de la actividad turística.

Los visitantes tienen muchas dificultades para disociar el impuesto y el precio de venta del servicio, especialmente cuando el recaudador del impuesto sobre el alojamiento. Si la factura del hotel es de 208 euros, interpretamos que el hotel nos ha costado 208 euros y no que nos ha costado 200 euros y que pagamos 8 euros al destino para nuestra estancia. En realidad, la fiscalidad sobre el alojamiento es un incremento del precio de venta del alojamiento, que repercute directamente sobre la empresa. El empresario tiene dos opciones. La primera es mantener los 208 euros, con lo que el visitante notará un incremento de precio, y la segunda es rebajar a 200 euros, el precio de venta del año anterior, y aportar él los 8 euros a la administración.

Si recuperamos el punto anterior, es lógico interpretar la indignación del sector de alojamiento. Critican, en primer lugar, que una parte de alojamiento catalán no está inscrito en el catálogo de empresas turísticas. Esta oferta para-hotelera que es en esencia una competencia desleal de hoteles, campings y apartamentos reglados, tienen una nueva ventaja competitiva. Pero hay un segundo grueso de críticas más solventes, que son las que recuperan los resultados de las tablas input – output. Si el alojamiento representa menos del 10% del gasto directa e indirecta de los turistas, por qué deben contribuir con un 100% de la fiscalidad turística?.

Políticas de precio

¿Afecta a un incremento de precio de 4 euros en un hotel de cuatro estrellas que ofrece una noche a 100 euros?. Es muy difícil responder esta pregunta. Una forma de aproximarnos sería esta: Imaginemos que el empresario opta por mantener el precio de venta a 100 euros y contribuir él con los 4 euros. Esto implica una reducción de los ingresos en un 4%, que no es poco en una época de crisis.

Naturalmente ustedes me dirían que lo mejor que puede hacer el hotelero es subir 4 euros el precio de cada noche y emitir una factura por 104 euros. Pero esto nos llevaría a una pregunta: ¿Por qué si el turista es insensible a este incremento, el empresario está ofreciendo su establecimiento a un precio inferior?. En realidad, las políticas de precio de los establecimientos hoteleros en la actualidad son procesos de ingeniería. El yield management es el conjunto de mecanismos que intenta adaptar el precio del hotel al máximo posible que estamos dispuestos a pagar y también todas las medidas para evitar las camas frías, las habitaciones desocupadas. Un hotel no puede crear stocks y una habitación no vendida es una habitación perdida. Por ello, las políticas de precio son hoy muy agresivas, en un marco de competencia muy elevado.

Y tenemos un tercer problema. Los turistas son más sensibles a unos precios que a otros. Los estudios sobre la percepción del precio presentan resultados variables, pero en general coinciden en destacar el precio del viaje y el precio del alojamiento, como los factores críticos en la percepción del precio y, lógicamente, en la toma de decisión de compra.

Ahora podemos volver a contestar la pregunta. ¿Afectará el impuesto a la industria hotelera?. En algunos casos, sí y an otros, no demasiado o nada. No planteo en absoluto que no se haya de aplicar el impuesto, pero sí los efectos sobre el precio hotelero es más complejo de lo que planteamos.

En resumen

Si hemos de aplicar un impuesto turístico, podemos plantearnos nuevos caminos que superen el impuesto sobre la estancia francés, pensado para las ciudades.Si me lo permiten, imaginemos que no debemos solucionar sólo un problema de Barcelona, ​​y que tenemos que hacer frente a un modelo impositivo global para el país. A la luz de los dos epígrafes anteriores, deberíamos ser capaces de encontrar un mecanismo tributario más eficaz, que no penalizara sólo el 10% de la actividad turística.

En otras palabras, ¿seríamos capaces de encontrar un mecanismo para que la imposición al turista afectara también los Fontvella, Estrella Damm, Museo Dalí, McDonalds, Renfe, ZARA, Picasso, Port Aventura …? Porque estas empresas también viven del turismo.

Una respuesta

  1. […] De ello se ocupará cookainómano. […]

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