En low-cost (III)


Ya hemos dedicado un par de posts a hablar sobre el fenómeno tema low-cost (concretamente éste y éste). Retomamos el tema a raíz de la sanción recibida por parte de un buen número de compañías low-cost que operan en el aeropuerto de Barcelona, acusadas de prácticas injustas. Resulta que, supuestamente (obremos con cautela), algunas compañías han abusado de sus clientes en cuestiones como inclusión de cláusulas indebidas, cobros indebidos, cobrar por el equipaje e incluso por pagar con tarjeta de crédito.

Ya se ha dicho, lo que éstas compañías tienen en común es que son low-cost… Al fin y al cabo, se trata de ahorrar en el personal de tierra, ahorrar en el tiempo, ahorrar en las comisiones… ahorrar en todo. Todo ello, claro está, para seguir siendo low-cost. Nadie se puede sentir engañad@ cuando compra un billete de una compañía llamada ídem, pero a la vez, parece que el sentido común nos dice que algo no va del todo bien cuando presenciamos algunos espectáculos de clientes más o menos enfurismado por no haber sido informado debidamente, por tener que abrir las maletas para quitar equipaje, etc…

Entonces, ¿hasta cuando se puede tensar la cuerda del ahorro a costa de todo? ¿Llegará un momento en que el cliente se revelará? Como ya se ha dicho repetidamente, el contexto actual de crisis ha hecho augmentar y mucho a estas empresas. Una cifra: las empresas han reducido casi en un 50% su presupuesto de viajes. Pero desgraciadamente las low-cost no parecen haber aprendido que existen límites para el concepto de producto. La mayoría de definiciones de producto incluyen alguna referencia a satisfacer las necesidades del cliente. Lo que nos preguntamos es: ¿las low-cost están satisfaciendo las necesidades de sus clientes? Está claro que satisfacen la necesidad de transporte, pero no siempre la de transporte cómodamente.

En definitiva,  en todo esto del viajar, no todo lo que reluce es oro…

2 comentarios

  1. Gracias por pasarnos esta informacion.
    Seguramente sera muy util a la hora de pensar en volar con ellas.

  2. Por supuesto que se pueden obtener pequeños lujos en las low cost. Lo que ocurre es que si el billete ha salido por 20 euros ida y vuelta es normal que haya que pagar algunas cosas aparte. Aún así se puede viajar de lujo por mucho menos dinero que con las compañías tradicionales.

    Todos los que reniegan de las low cost acaban viajando con ellas porque les compensa de largo.

    La mayor parte de quejas tienen que ver con desconocimiento de normas por parte del cliente.

    Lo que sobran son problemas en las convencionales y no se habla gran cosa de ellas.

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