Turismos naturales


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No todos los visitantes de un espacio natural (protegido o no) ven lo mismo. Seguramente, hay tantas interpretaciones como consumidores. De todas maneras, desde el clásico estudio de Nogué sobre la percepción del bosque en la Garrotxa, estamos en condiciones de agrupar las interpretaciones individuales en grupos más o menos coherentes. En el caso del consumo de la naturaleza, podemos encontrar al menos cinco formas diferentes:

La Naturaleza como espectáculo. En la película Amanece que no se poco (José Luis Cuerda, 1988), los habitantes de un pueblo perdido suben cada día a un pequeño cerro, ven como sale el sol y finalmente, aplauden con entusiasmo. La interpretación “espectacular” de la naturaleza, que tiene sus raíces más próximas en la tradición romántica, concibe el contacto entre el espacio natural y el individuo como una forma de trascendencia, como una toma de contacto con el propio “yo” o simplemente como el goce de aquello que es bello.

La Naturaleza como escuela. La sociedad urbana es ciega en la naturakeza. Hace falta, por lo tanto, la interpretación de un guía, de un maestro que sea capaz de descifrar los elementos ocultos, invisibles del espacio visitado. Por esto, el espacio adopta la forma de itinerarios, de espacios de visita o de verdaderas escuelas. El guía “descodifica” los signos del espacio natural y los hace accesibles y pedagógicos, de forma que la experiencia en la naturaleza es ante todo un acto de aprendizaje.

La Naturaleza como aventura. En algunos casos, la naturaleza es concebida no como un espectáculo o un libro, sino simplemente como un reto, como algo que debe ser superado, vencido, “hecho”. Es sintomático que el puentig siempre se realiza en puentes románicos rodeados de bosques y un pequeño río.

La Naturaleza como residencia. En este caso, entramos en la necesidad de apropiación privada del acto de consumo. Mientras que en los tres casos anteriores, el concepto de consumo simplemente se identifica con el goce o la experiencia, la residencia quiere decir un acto de privatización del espacio natural. Es curioso que muchas de las segundas residencias en los espacios naturales tienen un gran patio, que no deja de ser sintomático: aun cuando la casa está rodeada de natura, el propietario desea tener su porción de natura particular y privada.

La Naturaleza sin Naturaleza. Muchas operaciones “emblemáticas” que necesitan grandes superficies de suelo natural, se sitúan en parajes emblemáticos precisamente por los atributos del espacio natural, pero paradójicamente su construcción implica la destrucción de la naturaleza que ha atraído el equipamiento. La Naturaleza es el reclamo inicial, pero no el resultado final. Pienso, por ejemplo, en los campos de golf, algunas urbanizaciones o, incluso, acontecimientos puntuales (el Dr. Music Festival y su vaca).

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2 comentarios

  1. Un post muy instructivo. Gracias

  2. Es de lo mas interesante.
    Aplausos por publicar esto.

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