¡Música!


Hablando de segmentos (o microsegmentos), hoy vamos a tocar la vena de los músicos… El turismo musical está en auge, y ya son muchos los que se llevan partituras traspapeladas entre los mapas y las guías de viajes en sus maletas a la búsqueda de experiencias turísticas genuinas. En resumen, nos estamos refiriendo a cualquier acto de visita con el objetivo de participar en un espectáculo musical, visitar lugares que fueron fuentes de inspiración para alguna música o letra, o conocer sitos o cosas relacionadas con la música y sus autores. Si miramos a nuestro alrededor, podremos constatar que la relación entre la música y el turismo ha sido y sigue siendo explorada por muchos turistas de todo el mundo. De hecho, a menudo son músicos ellos mismos, en la búsqueda de lugares que provoquen buenas inspiraciones, motivadas por un evento en directo o por la evocación de algún músico del pasado.

Hasta hace pocos años prácticamente sólo existía un único destino de turismo musical (la mítica mansión de Elvis), pero en la actualidad la situación ha cambiado mucho. Algunos de los ejemplos que primero vendrán a la mente de muchos serán probablemente Salzburgo y su Festival, Viena y su indestriable Orquesta Filarmónica, o Bayreuth, amén del célebre personaje Richard Wagner. Otros estilos musicales que han motivado muchos viajes son el flamenco en España, el fado portugués o los pubs irlandeses. Pero  junto con estos ejemplos más conocidos hay muchos países que están potenciando su oferta de productos enfocados al turismo musical, como  Islandia, Dinamarca o Suecia. De echo, existen lugares en los que el turismo musical les ha venido francamente bien para su desarrollo económico, como Memphis, New Orleans, Seattle, Hawaii, o algunas partes de América del Sur. Otros sitios como Galícia pretenden desarrollar el turismo musical como estrategia de revitalización económica y salvaguarda de la cultura y tradiciones del lugar. Ciudades como Barcelona, Madrid o Benicássim se disputan estar en la primera división de las ciudades de la música del mundo, gracias a sus concurridos festivales veraniegos. Y como no, existen agencias especializadas en este segmento de mercado. Finalmente, ponemos como ejemplo el Reino Unido, donde el pasado año elaboraron el Mapa del Rock, con 200 sitios asociados a los grandes músicos y bandas de rock: el local donde debutó Queen, la casa en la que creció John Lennon, etc.

Sin duda, el turismo musical está creciendo con fuerza, como muchas otras formas de turismo enfocadas a microsegmentos. La pregunta suele ser: ¿Por qué tienen tanto éxito estas nuevas formas de turismo? A mi parecer, ello se debe primordialmente al incremento del número de personas con capacidad para viajar a nivel global, en paralelo con el refinamiento y especialización de los gustos y aficiones de las personas. Además, el acceso a la información ya no es un obstáculo para nadie, y por ello resulta muy sencillo hacerse con los detalles de la vida de cualquier músico un poco famoso, a partir de lo cual todos nos podemos confeccionar nuestro propio viaje, donde quiera que sea. Pero no cabe duda que también hay otras razones. El turismo musical  y demás nuevas formas de turismo consiguen unir de forma harmoniosa dos placeres: viajar (léase, hacer el “turista”) y un hobby, afición o elemento de devoción para el turista. Y ello provoca una magia especial, al alcance de cada vez más personas.

Ya son muchos los que opinan que el futuro de la industria está en estas nuevas oportunidades de negocio (enoturismo, birdwatching, dark tourism y un largo etcétera), si bien durante un tiempo aún coexistirán con el turismo “tradicional”.

Antes de acabar, una curiosidad. Incluso ya hay quien ha invertido el concepto: música del turismo. Por ejemplo, el grupo Deep Forest basa sus composiciones en la música que se encuentra en sus viajes…

3 comentarios

  1. muy interesante..

    Más allá de la creación de productos turísticos en torno a la música, me gustaría hacer una reflexión. La experiencia de la música en el viaje es una de las que, al menos en mi caso, más satisfacción crea en el destino y más nostalgia en el origen..

    Sin embargo, no soy partidaria de “enlatarlo” todo. Creo que es maravilloso alimentar las ganas de viajar a través del arte y la espontaneidad; con los encuentros casuales que terminan en horas de música improvisada en cualquier playa del mundo y mucho mas..

    A pesar de todo, contribuyo a la creación de microsegmentos diariamente a través de la planificación de destinos y en ocasiones, sin poder evitarlo, al “enlatamiento” de muchos aspectos que a la hora de convertirme “viajera” evito a toda costa..

    Me alegra ver como se va valorando la música en el mundo..sólo espero que esos encuentros artísticos no puedan ser comercializados turísticamente para que no formen parte de una escena teatral, como tantas veces ocurre..

    Estos son los dilemas de la profesión..las dos caras de la moneda..

  2. Bueno, pues gracias por las reflexiones dilemasostenible.
    Creo que el enlatamiento al que te refieres se padece en múltiples categorías turísticas, si bien las más artísticas sufren un peligro especial. De todas formas, creo que ambos compartimos lo soguiente: la música se puede empaquetar más o menos en un producto turístico, pero la inspiración no. Aquello realmente reveleador para nuestras emociones surge esponténeamente… o no surge. Entonces la pregunta es: ¿se pueden fabricar experiencias emocionantes? Y si la respuesta es afirmativa, entonces ¿se pone en peligro lo auténtico por suplantarlo “turísticamente”?

    De nuevo, gracias.

    Contraelcalor

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