Del cine al turismo


Hacer turismo es, ante todo, soñar. Y de alguna manera el turismo debe estar relacionado con la fábrica de los sueños, con el cine. Ya tuvimos la oportunidad de presentar una forma de la vinculación entre turismo y cine a partir de las comisiones de cine o film commissions. Hoy nos preguntamos de nuevo ¿qué tienen en común el cine y el turismo?.

La relación más elemental entre el cine y el turismo es la presentación de paisajes. La forma como los visitantes contemplan el Monument Valley está domesticada por el ojo de John Ford y, por eso, los turistas buscan los juegos de luz cuando el sol se levanta o se pone. La imagen de Nueva Zelanda se generalizó con el éxito del film The piano (1993), que presenta un espacio virgen, remoto, exótico. En algunos casos, la película ofrece la posibilidad de entrar por primera vez en espacios cerrados a los ojos de los turistas; ésta fue una de las estrategias de promoción de The Last Emperor (1987) de Bertolucci, una oportunidad de penetrar por primera vez en los secretos de la Ciudad Prohibida. La identificación del espectador con el paisaje necesita, sin embargo, una cierta conexión con la ficción. Los lugares no sólo conmueven, sino que tienen que conmover las historias de los lugares. ¿Cuál es la capacidad evocadora de Out of Africa?. La principal aportación de la película de 1985 al turismo de Kenia es la capacidad de trasladar al espectador la vivencia de la sabana. En algunas ocasiones, las escenas no han sido filmadas en los espacios que representan, pero la capacidad de evocación es igualmente efectiva. Aunque Save Private Ryan (1988) fue filmada en Irlanda, su éxito propició un notable incremento de las visitas a Normandía. Como es sabido, los desiertos jordanos y egipcios de Lawrence de Arabia (1962) fueron rodados en Almería, la fría Siberia de Doctor Zhivago (1965) es en realidad Soria y los 55 Days at Peking (1963) fueron filmados en Madrid (Gámir y Valdés, 2007).

En segundo lugar, las películas pueden contribuir a reforzar o contrastar un determinado paisaje. Las películas tienden a utilizar de forma deliberada una mirada concreta de los espacios presentados. Hay una determinada forma de ver el desierto: es un erg, un desierto de arena, modulado por las dunas, sin ningún vestigio de vegetación, deformado por el calor y con el horizonte muy bajo. También hay una forma de presentar las calles de una ciudad árabe, un laberinto de calles, permanentemente ocupadas por vendedores, marchantes y mercaderes que utilizan siempre medios de transporte preindustriales. El director del film puede optar por reproducir esta estructura (el paisaje semiológico en palabras de Urry) o puede decidir oponerse, presentar un paisaje alternativo, pero en los dos casos contribuye a crear un determinada interpretación del paisaje, por reproducción o resistencia. Por eso, cuando los turistas pasean por una ciudad norteamericana o se alojan en un motel de Nevada o conducen por una carretera que se pierde al horizonte tienen una poderosa sensación de dejà vu, que no evoca ningún film en concreto, sino la suma de imágenes semiológicas que se ha superpuesto durante la breve historia del cine.

La tercera vinculación entre cine y turismo está relacionada con aquellas películas en las que el paisaje es un elemento discursivo, su capacidad de vincular el viaje con la experiencia, que conecta con la tradición literaria de Ulises o los libros de viajes. Los acontecimientos se desencadenan a medida que los protagonistas se desplazan, de manera que hay una correlación muy estrechada entre la geografía y la biografía, entre los lugares y los episodios. Los road movies son un subgénero muy relevante en la historia del cine y ayudan a fijar la concepción turística del vínculo entre desplazamiento y vivencia. Durante los años 60, este tipo de películas ayudaron a crear el mito de la huida, de la asociación entre el desplazamiento y la libertad. Moverse quiere decir renunciar al espacio habitual, de manera que los nuevos lugares son la oportunidad para una nueva vida. Éste es el contexto en que se mueven los road movies de los 60 The Wild One, Two for the Road (1967), Bonnie and Clyde (1967) o Easy Rider (1969) y las propuestas más recientes como Thelma y Louise (1991) o Diario de una motocicleta (2003) simbolizan muy bien la idea del valor existencial del viaje. Podríamos decir que el cine no sólo ha contribuido a acercar unas determinadas geografías, sino que ha ayudado a valorar el sentido simbólico del viaje. De hecho, hay un número significativo de películas que están basadas explícitamente en la experiencia turística, como The Accidental Tourist (1998), A Roow with a View (1986) o Al Sur de Granada (2002).

La capacidad de evocación de las películas es tan relevante que generan un fuerte crecimiento de los flujos turísticos en los lugares donde las películas han sido rodadas. Una película con una cierta relevancia genera dos efectos simultáneos. En primer lugar, crea un flujo nuevo (o refuerza un flujo existente), que tiene una duración temporal relativamente corta. Éste es el caso, por ejemplo, del incremento de los visitantes en la región de Madison, después del éxito de Bridges of Madison County (1995), los paisajes de Lousiana de Thelma y Louise o incluso la Georgia de Forrest Gump (1994). Hudson y Ritchie (2006) han analizado los efectos sobre el turismo de diversas películas y han constatado fuertes incrementos en todos los casos. Bravehart incrementó en un 300% las visitas al Monumento de Wallace, Deliverance supuso unos 20.000 visitantes al Condado de Rayburn atraídos directamente por el efecto del film, Lord of Rings explicó un 10% del incremento del mercado inglés en Nueva Zelanda durante el periodo 1988 – 2003 y Gorillas in the Mist permitió el incremento de un 20% del turismo en Ruanda.

Pero de la misma manera, el paso del tiempo borra el efecto de atracción de la película y es entonces cuando opera el segundo factor, el refuerzo de la imagen del lugar. Las películas pierden su capacidad de atraer un flujo adicional de visitantes, pero no su capacidad evocadora, de manera que contribuyen a fijar la mirada sobre el territorio de una determinada forma y a seleccionar los elementos ellos más relevantes del paisaje. Incluso, los escenarios artificiales han empezado a formar parte de los espacios visitados. A veces se trata de los decorados de una película, que se mantienen después del film como el Anchor Bay que se creó para Popeye en la isla de Malta o la Fox Baja Studios de Rosarito (México), un espacio preparado para la filmación de películas ambientadas en el mar, como Titanic (1997) o Pearl Harbour (2001). Un caso singular es el proyecto de la Ciudad de la Luz de Alicante, que pretende ser al mismo tiempo un espacio para la producción de películas, un espacio para la investigación y la docencia (con la primera universidad del cine del país) y un espacio turístico, que atraiga a los visitantes interesados al acercarse a la maquinaria de la industria del cine.

8 comentarios

  1. he trobat a faltar que anomenessis la pel·lícula Blade Runner, i algun exemple que evoqui paisatges que no coincideixen amb la realitat com per exemple Madagascar, on tothom espera trobar-se amb un hipopòtam o un lleó!!
    salut

  2. Hola Judit. Blade Runner és un excel·lent film per reflectir els processos de la postmodernitat, però jo no el definiria com un film turístic.

    És cert que moltes pel·lícules distorsionen la realitat i poden donar una imatge falsa (o deformada) de la realitat. Jo sempre tinc problemes, però, per acotar què vol dir “realitat”. Coses de la postmodernitat.

    Tanmanteix, l’hipopòtam i el lleó de Madagascar (i els pingüins) hi van arribar per error. Els van rebre els lèmurs, que són animals tropicals 100% malgatxes.

  3. Y Rocky se te ha quedao por el camino…
    good job

  4. Hola, muy interesante…
    Soy de Alicante y es cierto que en los últimos años se han visto rodajes en varios puntos de la ciudad de Alicante y otras cercanas. Sin embargo, creo que queda mucho para que se convierta en un espacio turístico, ya que ni siquiera se pueden visitar los estudios, aunque sí tiene una gran potencialidad para ello… Sin duda es un importante recurso para diversificar la oferta turística (sol y playa fundamentalmente) que tenemos por aquí…
    Saludos,

  5. […] posts anteriores (“Turismo y cine, Ciudades míticas del celuloide“ y “Del cine al turismo“) ya hemos hablado de la importancia que tiene la relación cine y turismo en volumen de […]

  6. me parece una falta de respeto el comentario de judit en catalan. porque no quieres que nos enteremos de lo que h

  7. Hola. Un interesante el artículo y la reflexión que han iniciado muchas CCAA.

    Por otra parte cabe mencionar la aportación didactica del cine al propio turismo. Así, películas como “Una habitación con vistas”, Muerte en Venecia, El turismo es un gran invento, Baraka, Asesinato en el Orient express, Titanc… y otras muchas, ofrecen una visión del fenómeno del turismo en cada època de la historia, los personajes, las tecnologías de la incipiente industria turística, los gustos, el contexto histórico… Personalmente me resulta útil en la formación a modo de debate y constituye una poderosa herramienta didactica.
    salu2

  8. Yo también utilizo las películas para mostrar la evolución del turismo con el paso del tiempo. Las seleccionadas son:

    – Una habitación con vistas
    – El cielo protector
    – El turismo es un gran invento
    – Babel
    – Entre copas

    Tomo nota de Muerte en Venecia, Baraka, Titanic y Asesinato en el Orient Express

    Gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: