Turismo industrial


La industria se muere en Occidente. Al menos, buena parte de la industria clásica, tradicional. Una parte de la cultura y de la geografía vinculadas a las chimeneas y los grandes complejos industriales ha cerrado sus puertas. Las estrategias de reconversión de algunos de estos espacios (colonias industriales, grandes complejos fabriles, minerías…) integran con frecuencia la via turística en el diseño de las nuevas opciones de desarrollo. De esta forma, el turismo irrumpe en los espacios productivos y la industrialización es mercantilizada e integrada en la oferta de nuevos productos recreativos.

Los antecedentes más notables de este proceso han tenido lugar en Gran Bretaña donde los efectos de la desindustrialización han creado áreas con graves problemas para recuperar su capacidad productiva y buscan en el turismo una alternativa de desarrollo. El factory tourism ha sido en algunos casos el eje central de la política de reconversión de paisajes industriales en declive. La lectura postmodernista de este proceso es doble. Por un lado, el turismo invade los espacios afectados por los cambios globales del postfordismo y que configuran uno de los entornos más característicos de la reorganización de los procesos productivos: los paisajes de la desindustrialización. Por otro lado, esta estrategia ilustra la capacidad del turismo contemporáneo de integrar espacios aparentemente alejados de la lógica turística, como es el caso de los espacios productivos. Si los espacios turísticos habían nacido como alternativa (como contrapunto) de los espacios urbanos e industriales, ahora estos últimos entran a formar parte de la lógica turística postfordista.

El turismo es igualmente la estrategia de reconversión para zonas mineras en desuso como Riotinto o Cardona, la recuperación de espacios portuarios de escasa actividad (desde Baltimore a Barcelona), la puesta en valor de piezas urbanas degradadas (los Docklands de Londres o el centro histórico de Manchester) o la nueva identidad de edificios singulares que pasan a ser atracciones turísticas (los astilleros del mar de Barcelona, el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Cataluña en un vapor de Terrassa o el Museo de la Colonia Vidal en Puig-reig). En todos estos casos, el patrimonio industrial o urbano constituye el principal reclamo en torno al cual se estructura la nueva oferta turística.

El consumo turístico del patrimonio en la actualidad no puede desligarse de la mercantilización de la cultura. Hewison, en una obra que es ya un clásico, considera que los artefactos y las prácticas culturales han adquirido el estatus de mercancía, pueden ser comprados y vendidos; y el espacio en el que se sustenta, por un proceso de metonimia (el todo por la parte) es igualmente comercializado.

En la medida en que los productos culturales adquieren el rango de mercancía, la presunta autenticidad de los escenarios turísticos es cuestionada. Como aprecia Harvey: “Es difícil mantener un sentido de continuidad histórica en un contexto de efimeralidad y acumulación flexible. La ironía es que la tradición ser preserva comercializada y mercantilizada. La búsqueda de las raíces termina por producir una imagen, un simulacro, un pastiche”.

Un síntoma evidente del conflicto de la autenticidad en la comercialización del patrimonio es la revalorización de edificios singulares o espacios urbanos sobre la base de estrategias comerciales y recreativas que llegan a crear escenarios hiperreales: tematización, función turística, creación de centros comerciales, deformación de los usos urbanos… Éste es el caso, por ejemplo, del Waverley Shopping Centre de Edimburgo, una gran superficie comercial situada a los pies de la catedral, en el centro histórico de la ciudad; la creación de un gran centro comercial en el núcleo histórico de Wincester a partir de un complejo fabril decimonónico o la reestructuración urbana del frente portuario de Barcelona , en la que la recuperación del patrimonio (las drassanes, el Moll de Fusta, el Palau del Mar…) coexiste con la aparición de grandes atracciones recreativas y piezas urbanas con un uso/abuso del diseño (Tàpies, Mariscal, …). También en el proceso de revitalización del centro de la ciudad de York, podemos identificar un proceso de mercantilización del pasado histórico, que es organizado como una narrativa de objetos y espacios para el consumo recreativo, todo ello complementado con una fuerte implantación de establecimientos comerciales.

Puede que uno de los síntomas más evidentes de los cambios del turismo contemporáneo sea la disolución de las fronteras entre el turismo y el no turismo. Incluso, entre el turismo y la actividad industrial, que son aparentemente antónimos.

5 comentarios

  1. El turismo (dentro del sector terciario de la economía) y la industria (sector secundario) pueden parecer dos mundos distintos, sin conexión, pero no es así. Entre las propiedades del turismo está la puesta en valor de todo tipo de recursos de un territorio, tangibles e intangibles, pasados y presentes, que pueden ser adecuadamente mostrados al visitante (turista o excursionista), sobre todo a ese con inquietudes/motivaciones culturales, para permitirle acercarse y conocer mejor lo que ha sido y lo que es esa comunidad. Y qué duda cabe que parte de esa herencia y de la realidad actual está ligada a actividades productivas, industriales. Parte de nuestro acervo cultural guarda relación con las industrias, pretéritas o en plena actividad; son parte de nuestra realidad, de lo que somos, y en muchos lugares, cada vez en más, se aprovechan como atractivos turísticos del destino.

    Es lo que se conoce como turismo industrial (ver http://www.uhu.es/GEIDETUR/), segmento muy amplio que abarca rutas y visitas a industrias vinícolas, explotaciones mineras, fábricas de todo tipo en funcionamiento que despiertan curiosidad, para saber como se manufacturan productos cotidianos que nos hacen la vida más confortable: desde jamones, a cerámicas, pasando por las gasolinas, la electrícidad o artículos de joyería.

    Por tanto, estoy de acuerdo: las fronteras mencionadas están llamadas a desaparecer. Los centros fabriles están pasando a ser, alternativamente o a la vez, centros de producción de ocio y servicios. Es el signo de los tiempos.

  2. Yo he encontrado información links sobre turismo industrial en este directorio:
    http://www.profesionalesdelturismo.es/index.php?c=3302

    Hay enlaces muy interesantes y para mí, bastantes novedosos.

  3. buno el turismo industrial es unfactor

  4. uiero decir que el turismo industriañl es lo que se conpce como un tirimo nde industrioa por que produce a eso s e lo llama industria sin humo ppor que produce y genera riquesaaas

  5. KEEEE FEO JAJAJA bbbbbbbbbbbbbbbuuuuuuuuuuuuuuu
    k mal dato e wakala ppppppppppzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

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