La paradoja de Arlès


A principios de los años 90, los nuevos propietarios del café de la Plaza del Forum de Arles llevaron a cabo la transformación de local. No es un café cualquiera. En 1888, Van Gogh lo inmortalizó en una de sus obras más conocidas: es una noche cerrada y la luz amarilla que sobresale del café ilumina la calle, que contrasta con un cielo muy estrellado. Los propietarios del local han tenido la ocurrencia (discutible) de pintar la fachada de un amarillo intenso, con el fin de evocar la obra de Van Gogh. De esta forma, los turistas que pasean por Arles pueden capturar la réplica casi perfecta del famoso cuadro. El café de Arles es una curiosa paradoja. Inicialmente, el original es el café y el cuadro es la copia, la imagen, de este original; pero la copia ha adquirido tanta fuerza que ha pasado a ser el original, de manera que el café se convierte en la copia del cuadro. Y se deforma para asemejarse lo máximo posible al lienzo de van Gogh.

La paradoja de Arles es una constante en el turismo contemporáneo. Aunque aparentemente los lugares turísticos compiten entre sí, en realidad son las imágenes de los lugares las que se comparan y finalmente se escogen. Por eso, muchos lugares acaban siendo prisioneros de sus propias imágenes. Sin embargo, los esfuerzos por adecuar los espacios a sus imágenes (turísticas o no) encuentran una oposición más fuerte. La ciudad colombiana de Aracataca es con toda seguridad el Macondo de las obras de García Márquez. Es inevitable reseguir el rastro que va dejando el Premio Nobel, entre los personajes, los paisajes o las casas de la ciudad colombiana. Por eso, se ha propuesto un proyecto de tren turístico con destino a Aracataca. El alcalde de la ciudad propuso cambiar el nombre de la ciudad por su alter ego literario, Macondo. Nuevamente, un esfuerzo por adecuar la realidad a su imagen. Pero en este caso, el referéndum fracasó de manera que los turistas seguirán sin encontrar en el mapa el Macondo de Cien años de soledad, La Hojarasca o El Coronel no tiene quien le escriba.

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3 comentarios

  1. […] Inicialmente, el original es el café y el cuadro es la copia, la imagen, de este original; pero la copia ha adquirido tanta fuerza que ha pasado a ser el original, de manera que el café se convierte en la copia del cuadro. Y se deforma para asemejarse lo máximo posible al lienzo de van Gogh. (leelo completo en el blog del amigo José Antonio Donaire) […]

  2. Bien por la gente de Aracataca, aunque reconozco que Macondo no sólo es mucho más conocido, sino también mucho más fácil de memorizar.

  3. Donaire, tu no escribes sobre turismo, bribon!

    Me ha encantado,

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