Turismo efímero


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En su provocativo análisis sobre los cambios del proceso productivo en la economía contemporánea, Rifkin (2000) destaca la importancia de la reducción del ciclo de vida del producto. El creciente valor de la moda y la reorientación del márqueting hacia microsegmentos ha favorecido un modelo de producción en el que los productos (bienes o servicios) se están rediseñando incluso antes de ser introducidos en el mercado. Pensemos, por ejemplo, en los programas informáticos, los modelos de automóviles, las grandes producciones cinematográficas o, incluso, los electrodomésticos. Tras un breve período en el mercado, las empresas crean nuevas versiones o productos enteramente nuevos, que reemplazan los productos cuya fecha de caducidad es cada vez más próxima a la fecha de producción.

En este complejo escenario, los espacios turísticos se hallan ante un dilema. La capacidad de los lugares por ofrecer versiones renovadas, resueltamente nuevas, de la oferta turística topa, como es obvio, con la inercia territorial. Uno de los principales interrogantes del turismo contemporáneo será, precisamente, la tensión entre la velocidad de los cambios en la demanda y la capacidad de respuesta de unos espacios con “anclajes” que impiden su renovación constante. En los ensayos de los espacios turísticos para vencer esta tensión, aparecen dos respuestas con mayor capacidad de éxito: los complejos temáticos (que pueden añadir nuevas piezas con relativa facilidad) y los productos turísticos efímeros.

Los productos turísticos efímeros no son espacios, sino experiencias, lapsos espacio temporales. En un corto espacio de tiempo (unos días, unas semanas…), el consumidor accede a una oferta turística (cultural, deportiva, musical, religiosa…) que debe ser aprehendida aquí y ahora. Estos grandes eventos han entrado con fuerza en la oferta turística de las ciudades europeas, que compiten en la captación de capitalidades culturales, recorridos de carácter religioso, grandes eventos deportivos, bienales de arte, conferencias internacionales o efemérides forzadas. Una parte de los flujos turísticos europeos del último decenio se explica por estos breves lapsos, productos efímeros, que saltan de Lisboa a Zaragoza, de GreenwichCork o de Atenas a Beijing.

Naturalmente, la fuerza de los productos efímeros no sólo reside en su capacidad de atracción de visitantes en un momento puntual. Su éxito se sustenta además en dos factores. Por un lado, los grandes eventos, aquéllos que realmente tienen una trascendencia internacional, permiten situar a la ciudad (hablamos siempre de escala local) en el mapa. Ésta fue la estrategia de Barcelona y Sevilla en 1992 o de Lisboa en 1998 y es la gran apuesta china para este decenio. Por otro lado, los proyectos efímeros resultan ser poderosos instrumentos de renovación urbana, un leif motiv sobre el que proyectar una utopía transformadora, una abrumadora capacidad de reinventar la ciudad.

El turismo efímero tiene un problema central. Una vez concentrados todos los esfuerzos de transformación urbana y turística en un gran evento, el post-evento sume a la ciudad en una crisis de identidad, como las crisis post-parto. Por eso, las ciudades que han acogido un gran acontecimiento se lanzan a la caza y captura de un nuevo acto internacional que permita recuperar la ilusión colectiva. Barcelona creó el Año Internacional Gaudí en 2002 y lanzó el improvisado Fórum 2004 una vez que se cerraron las puertas de la Expo. Salamanca creó un desconcertante evento Plaza Mayor de Europa 2005 tras el éxito de la capitalidad cultural europea. La necesidad compulsiva de crear nuevos eventos y la apuesta de las ciudades medias ha creado una inflación que entorpece la viabilidad del turismo efímero. Un síntoma muy evidente es el centenar de conmemoraciones que avala la UNESCO sólo para el 2008. ¿Alguno de ustedes sabía que este año se celebra el centenario del rey Toffa I de Benin o el poeta búlgaro Vaptsarov?. Pues eso.

2 comentarios

  1. Me quedo con la duda de saber si usted apoya o no el turismo de eventos. Diría que sí, pero en el útlimo párrafo me desconcierta. Por cierto ¿conoce algún caso en el que la segunda opción de turismo efímero fuera también un éxito?… Enhorabuena por el blog. Va de mejor a más mejor

  2. Yo, por mi parte, me quedo con la gran duda si conoce Ud. al poeta búlgaro Vaptsarov y su obra, por cierto, traducida a más de 50 idiomas, entre ellas el español. Por un poquito más de información me permito recomendarle visitar esos tres enlaces: http://www.bne.es/es/Actividades/AgendaMensual/Agendas2009/diciembre09/Vaptsarov.html
    http://juanantoniobernier.blogspot.com/2009/09/nikola-vaptsarov-bansko-bulgaria-1909.html
    http://www.twincitiesbookfestival.com/online/2008summer/vaptsarov.shtml
    Por último, la conmemoración del centenario de Vaptsarov no tiene nada que ver con esos esfuerzos del turismo efímero de los que habla.

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