Banksy tour


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Muchos oimos hablar de Banksy por primera vez cuando salió a la luz que el retrato de una mujer con careta antigas se había “colado” entre los lienzos del Metropolitan de Nueva York. En un intento de demostrar la fragilidad de los límites del arte, Banksy situó en las paredes de los grandes museos obras descontextualizadas: en el MoMA, una lata de tomate TESCO rivalizaba con la Campbell’s de Warhol y en el Museo Británico, una terracota mostraba el primer hombre prehistórico con un carrito de la compra.

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Pero Banksy es hoy más conocido por sus grafittis. Dos bobbies que se besan apasionadamente, un policía que protesta con un graffiti irónico, una rata de Hamelín que atrae con su flauta un río de humanos, una Mona Lisa armada con un bazokaa o la niña del napalm aterrorizada entre Mickye Mouse y el payaso de McDonald’s son algunas de sus obras. La calles de Londres se han llenado de obra furtivas en las que el autor de Bristol denuncia los excesos de la sociedad contemporánea a partir de la ironía y la provocación. Una de mis favoritas es el mensaje casi imperceptible que interrumpe una de las visuales más comunes del Parlamento y el Big Ben: “This is not a photo opportunity“.

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Poco a poco, las obras se han incorporado en los catálogos de las guías turísticas de diversas ciudades, especialmente en Londres. Existe un registro en Google Maps con sus obras y ha sido editada una guía con sus principales graffitis londinenses. En una extraña ironía, los turistas que critica Banksy compran las camisetas ilustradas por obras del autor o adquieren las postales de sus graffitis. Los habitantes de los barrios poco turísticos de la ciudad, como Farringdon o Southbank, se han acostumbrado a recibir visitantes a la captura de las últimas ocurrencias en spray. Una vez más comprobamos cómo la vieja jerarquía turística de los nodos urbanos empieza a ser cuestionada: una obra efímera, transgresora y antiturística entra a formar parte de la mirada turística.

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De hecho, Banksy ha aprendido del valor turístico de su obra. Por eso, se ha desplazado hasta la ciudad de Belén sitiada por el “muro de protección” que ha levantado Israel. Los ocho metros de la vergüenza se han convertido en un lienzo para el autor de Bristol, donde una niña cachea a un soldado, un militar pide los papeles a una mula (quizás la del Portal) y una joven vuela con unos globos lejos del muro. El nuevo muro es ahora un destino turístico, de manera que la ciudad de Belén (que vive esencialmente del turismo) ha podido recuperar un poco su actividad.

5 comentarios

  1. La pregunta es si el fenómeno Banksy no es en realidad una gran operación de marqueting. Cada vez más la contracultura es una forma más de vender lo que sea, normalmente cultura o pseudocultura. Buen post.

  2. Muy buen post, que menearía si pudiera… (no habéis pensado en añadir algún tipo de comparteló.

    En todo caso lo voy a del.icio.usear para mi próxima visita a Londres.

  3. […] Banksy tour ( José Antonio Donaire). A visual spectacle and an original touristic ad. […]

  4. Soy un grafitero urbano de Madrid y aunque no me gusta demasiado Banksy, me ha encantado la perspectiva que has dado en este post sobre el mundo de los grafitis.

  5. No me parece bien que sea tan activista y venda sus camisetas a 25 euros… Menudo listillo, luego todos somos iguales…

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